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Mostrando las entradas de mayo, 2011

Nido Lleno

Se levantó sin ánimo de afrontar mañanas, desahuciado de lunas que no amanecían. Silencioso partió mientras ella dormía. Y se fue, desenredando historias que se repetían. Rememorando infinitas auroras no compartidas, mientras volvía al silencio de su casa vacía. Y se durmió al abrigo del primer haz de luz; amanecía otro día.   Que disipaba las sombras de otra noche perdida. Otra hebra de historia que se enredaba en su vida. Se durmió planeando otra nueva aventura, y se soñó regresando a su casa y a oscuras. Y vio al despertar a su madre que el desayuno le ofrecía mientras amorosamente por su llegada tarde lo reprendía.            (Cuarenta otoños lo atrapaban en un letargo del que no despertaba.) Y lamentó haber contribuido a que su padre se marchara, y se soñó marchándose él, y se despertó en su propia cama,            

Cambiar la piel: Una reflexión sobre los apegos y los arraigos.

El síntoma es insidioso. Insiste, insiste... Parece el pájaro carpintero que, como en la publicidad, te taladra el cerebro. Pero muchas veces no es tan gráfico, y no te taladra el cerebro, sino que te muerde el cuerpo de distintas maneras. Lo hace de maldito que es? Lo querés correr y entonces es cuando más se esfuerza en permanecer ahí, silente pero hablando a gritos. Pero claro, hay que ser semiólogo y saber interpretar su idioma. Y no nacimos políglotas. Habla en un lenguaje que no se esmeraron en enseñarnos con tanto ahínco como nuestra lengua materna. Y se va aprendiendo de a poco esa semiología que permite, al menos en un primer momento, verlo como signo: una tos persistente, una idea que nos hace ruido pero no podemos terminar de entender, una enfermedad que ya se hizo crónica…de tanto insistir en que la atendamos. Y si nos quedamos atendiendo el signo, tratando de ponerle un parche a la consecuencia en vez de atacar la causa, perdemos. Seguirá insistiendo en mostrar