Hay dos hechos que disfruto desde la adolescencia: uno es el placer que me produce abrir y oler un libro nuevo. Ese olorcito a tinta y a papel recién impreso que anticipa la aventura exploratoria de recorrer más tarde, con la vista, aquel mundo interno, todavía vedado y por descubrir, de alguien más, que me abre las puertas de par en par de su alma. Mi primer contacto con el libro es táctil y olfativo para luego ser enteramente visual. Y el otro es el placer de tener enfrente y para mi propio deleite, una hoja de papel enteramente en blanco. En cuyo caso, mi disfrute no radica en explorar el mundo de otro, sino en proyectar mi propia alma. Ir aventurando ideas que se van encadenando en frases. Forma y contenido tejen una trama dinámica sobre el papel. Y entonces ese torbellino de sensaciones agolpadas dentro de mí se alinea, para salir más ordenadamente. Escapa de la simultaneidad para organizarse en la sucesión de un relato. El placer es doble cuando el acto de escribir produce esa ca...
Un intento de bitácora, con pinceladas de Psicología, Grafología, Astrología. Con artículos, poemas, cuentos, reflexiones, notas, programas y entrevistas radiales, y un gran etcétera. Un reflejo de mi propio eclecticismo, de mi devenir, mi pensar y mi sentir, en interjuego dialéctico con ustedes.