La sagrada familia. Una visión sobre modelos televisivos de familia de la modernidad y de la postmodernidad


Al sujeto, en cada etapa histórica, lo construye su cultura. Cultura en la que, a la vez, el sujeto es actuante y co-creador. En un rulo de recurrencias, el sujeto coparticipa en la creación de la cultura, a la vez que es moldeado por ella.


                                               

Muy postmoderno. Muy entendible. También muy atendible que en la época del resurgimiento del sujeto que piensa, actúa, se pregunta y se permite cuestionar los modelos culturales de la modernidad, desde las ortodoxias surjan los conservadores, sujetos hegemónicos del discurso de la modernidad, tratando de preservar los valores que el sujeto de la postmodernidad se empeña en modificar o en arrasar directamente, porque ya ese paradigma no le alcanza: lo sofoca y le impide crecer.

Y si hay un sujeto que no está dispuesto a perder su poder (sujeto a mandatos, obvio), conservador a ultranza, tradicionalista, sujeto hegemónico del discurso del patriarcado judeo-cristiano, ese es el sujeto por antonomasia de la ultra derecha conservadora católica.

Cómo actúa ese sujeto para seguir moldeando adeptos que no se sientan tentados por el cambio? Pues la televisión es un espacio privilegiado de bajada de línea.

Aunque parezca un anacronismo volver atrás tantos años, me gustaría centrar este análisis en dos series de televisión que creo que influenciaron por lo menos a mi generación.

La Familia Ingalls y mi favorita, Los Locos Addams.

La familia Ingalls como productora de valores culturales conservadores. La familia Addams como promotora de valores tendientes a la individuación.



Quién de mi generación, cuando recién salió al mundo, no tomó como modelo de familia ideal a los Ingalls? Si analizamos a fondo, en este modelo se privilegia al sumiso sujeto del catolicismo. La resignación ante la adversidad económica (en eso vemos que no tiene el matiz del protestante que privilegia el éxito económico como valor). La familia Ingalls parece una recreación bajo mil formas distintas pero todas recurrentes del relato bíblico de Job ante la adversidad, entregado al designio divino de un Dios punitivo.

Y es que si seguimos el modelo, la idea subyacente parece ser que no importa qué tan bien uno cumpla con los valores católicos, el premio siempre es la adversidad. Resilientes a la fuerza, no parecen tener derecho más que a la impotencia ante el infortunio permanente, que siempre los encuentra unidos y resignados. El, puro padre proveedor del patriarcado. Ella, pura Eva satelitando a su Adán, pura madre. Nunca mujer. Eva resignada a anteponer las necesidades del grupo sin reclamar espacio propio, merecido desde ya. Nunca mujer, siempre esposa y madre. Nunca cuestionan las desgracias, nunca se enojan. Sumisos siguen resignados, juntos y hacia adelante.

La familia Ingalls fue el ideal de familia o la familia ideal. Si aspirábamos a tener una familia así, fallamos. No porque hayamos hecho las cosas mal necesariamente, sino porque somos humanos y ese modelo no lo era. Era ideal. Ese modelo no existe. Muestra la luz solamente. Y desde ya que cuando una persona se identifica con el ideal de sí mismo y aspira a serlo, los aspectos negados van a la sombra y quedan en el retrato que se guarda prolijamente en el placard a resguardo de la mirada del Gran Otro social, y genera o represión extrema, o la otra arista, la hipócrita, del discurso del patriarcado: la doble moral. La otra faceta que la serie no nos muestra, que oculta con suma prolijidad. La que sale a escondidas de la mirada del otro social. Dónde están los enojos, los resentimientos, los dolores, las necesidades no satisfechas de estos santos mártires Ingalls ante tanta falta de amor a sí mismos, ante tanto deseo reprimido insatisfecho? Seguramente eso el Opus no quiso que se mostrara en la serie.

Si lo analizáramos desde una perspectiva psicológica, veríamos que lo que se mostraba era una pura alianza del Yo con el Super Yo, con los deberes eternos impuestos por esa instancia, a expensas de una permanente represión del deseo del Ello. Y eso genera una neurosis obsesiva. Se puede cumplir adecuadamente con el deber por un tiempo, reprimiendo el deseo. Hasta que lo reprimido se desborda, y en el 4to. Momento de una Neurosis Obsesiva, lo reprimido emerge con la fuerza de un volcán y arrasa el psiquismo. Y la persona estalla. Pero en la serie nunca nadie estalla.

Y ese fue el ideal de familia con que nos formateaba la cultura tratando de rescatar los valores en franca caída durante la postmodernidad.



Quizá el contramodelo actual sean los Simpsons como discurso que dialoga y le contesta al de la familia Ingalls desde el enfoque de la caída de los valores de la modernidad. Una sátira que denuncia que el ideal Ingalls fue eso: un ideal. Una utopía de la modernidad.

Otro nefasto intento del modernismo por sostener lo que empezaba a derrumbarse, fueron las novelas de Corín Tellado y las películas de Doris Day. Histeriqueos permanentes, sexualidad vedada, hombres idealizados, mujeres etéreas que sólo aspiran a ser conquistadas para luego poderse comprar el lavarropas y ser felices.




Recuerdo otra serie de cuando era chica: Hechizada. Adonde comienza a asomaer el discurso feminista de la mano de la mamá de Samantha, mientras la protagonista, mujer dotada de talentos superiores a los de su simple mortal, debe bajar su perfil para no hacerle sombra a su gran pequeño hombre, que le exige que no muestre sus capacidades para que él pueda lucirse. Al menos, subrepticiamente, el discurso del feminismo iba surgiendo. Lógico, de la mano de una bruja, dónde sino?




Me gusta tomar otro modelo de familia de esa época, el que yo elijo. Modelo que estaba apareciendo como sátira, con un manto de locura, pero en donde subyacía la emergencia incipiente de un modelo más sano. Los locos Addams.


Que de locos no me parece que tuvieran nada, más allá de que sus costumbres eran vistas, justamente, como bizarras por el modelo hegemónico imperante del modernismo, aferrándose en plena época de cambio para permanecer, modelo desde el cual se juzga sin entender ni respetar lo que no es igual a sí mismo.

Si en esta serie había un marco moral, podría ser el modelo protestante, ya que hay valores filantrópicos pero de progresismo. Quizá un modelo liberal. El señor Addams, a diferencia del cordero de Dios Ingalls, era un próspero inversionista. Pero hasta el marco psicológico cambia, y podría decir que más que el modelo neurótico del sobreadaptado, propugna el modelo junguiano de la individuación, en tanto puede verse a las claras que todo el grupo familiar favorece el crecimiento personal a satisfacción de cada uno de ellos, por la vía de la auto-realización, de la vocación personal.

Hay jerarquías, pero organizativas, no sádicamente autoritarias y punitivas, propias del Super Yo gozoso de subestimar al otro en su falta, que muestra a las claras la satisfacción que le generaba a quienes humillaban a la familia Ingalls. En el modelo Addams no hay autoridad sádica que humille sino autoridad sostenedora que apuntala el crecimiento y la emergencia del sujeto. La autoridad circula de este modo en este modelo, asumiendo compromisos y responsabilidades sobre quienes tienen debajo, pero de manera empática y nunca para manipular la voluntad del otro para que cumpla con mandatos externos, sino apuntalando para que cada uno despliegue sus talentos y se sienta bien.

Ni siquiera se sabe suegra de quién es Mamá Addams. Hay un permanente clima de respeto y de no crítica por el ser del otro. Jamás se juzga la apariencia ni las decisiones de nadie. Se dialoga en convergencia. Y el dato más valioso: mamá y papá Addams no sólo son pareja parental, o sea, no son puros padres. También son pareja hombre y mujer y entre ellos circula el deseo erótico. Ausente desde ya, y jamás siquiera mencionado, en el modelo sacrosanto de las mujeres Ingalls. Obvio, la Virgen era solo madre, y la concepción excluyó la sexualidad. En mamá Addams salta a la vista que no es virgen sino que concibió a sus hijos atravesada por el deseo, no solo de ser madre, sino de ser objeto de deseo de su hombre, que sigue deseándola y seduciéndola, porque ella sigue empeñándose en seducir y en ser femenina, no una rolliza madre despojada de atributos eróticos que termina empujando a su marido a buscarse una amante, en pleno ejercicio de la doble moral judeo-cristiana.

No debería ser ingenua nuestra disposición frente a lo que nos proveen los medios, sobre todo la televisión. Hay muchísima ideología subyacente que nos va siendo inoculada si nos limitamos solo a ser meros espectadores pasivos y no analíticos. Debemos tener una receptividad activamente analítica y pensante al evaluar, como si estuviéramos frente a una mesa, qué alimentos servirnos y qué nutrientes nos aporta. No sea cosa que sigamos comiendo solo lo rico, que en definitiva está plagado de conservadores, colorantes artificiales y sabores químicos. Sepamos discernir lo que incorporamos. En todo sentido. Y elegir.


Para reflexionar…



Lic. Claudia GentilePsicóloga clínica con orientación junguiana- Grafóloga pública – Astróloga


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