Ir al contenido principal

Cambiar la piel: Una reflexión sobre los apegos y los arraigos.

El síntoma es insidioso. Insiste, insiste... Parece el pájaro carpintero que, como en la publicidad, te taladra el cerebro. Pero muchas veces no es tan gráfico, y no te taladra el cerebro, sino que te muerde el cuerpo de distintas maneras.

Lo hace de maldito que es? Lo querés correr y entonces es cuando más se esfuerza en permanecer ahí, silente pero hablando a gritos. Pero claro, hay que ser semiólogo y saber interpretar su idioma. Y no nacimos políglotas. Habla en un lenguaje que no se esmeraron en enseñarnos con tanto ahínco como nuestra lengua materna.
Y se va aprendiendo de a poco esa semiología que permite, al menos en un primer momento, verlo como signo: una tos persistente, una idea que nos hace ruido pero no podemos terminar de entender, una enfermedad que ya se hizo crónica…de tanto insistir en que la atendamos. Y si nos quedamos atendiendo el signo, tratando de ponerle un parche a la consecuencia en vez de atacar la causa, perdemos. Seguirá insistiendo en mostrarse. Y es que el signo es solo lo que aparece en la superficie. Al adentrarnos más en nuestro estudio de semiólogos de nosotros mismos, debemos llegar a entender al signo encubriendo un símbolo. O sea, si nos quedamos tratando de entender un sueño desde la superficie de lo que las imágenes nos muestran, nos quedamos perplejos sin entender nada. Nos quedamos en tratar de entender esos signos en un solo sentido y plano encima. Qué querrá decir que se derrumba mi casa, si mi casa está bien? Ahora si al signo “casa” le asignamos otras dimensiones más simbólicas, el análisis cambia y entonces el inconsciente logra llegar a decirnos lo que nos quiere decir. Y ahí entonces, al leer el sueño como metáfora de otra cosa, lo entendemos. Con las parábolas pasa lo mismo: “Por los frutos los conocereís”. Si lo leo en plano, digo: obvio, veo una pera y sé que se trata de un peral. Pero si esto lo leo como símbolo y entiendo que frutos aquí está en equivalencia a acciones, conductas, puedo entender la cosa en un sentido más abstracto, más abarcativo. Y si sigo profundizando más aún, le voy sacando todavía más significados y entendiendo más mi realidad al extrapolarlo.

El síntoma… entonces, es puro signo? Si lo veo así, seguirá insistiendo, forzándome a desplegarle más significados hasta que entienda y logre ver lo que subyace, analice el error, reformule mis creencias o mis posturas, y tras este baldazo de agua fría que recibo al darme cuenta, cambie aquello que lo genera. Entonces desaparecerá porque ya aprendí lo que tenía que aprender.
Si no lo hago, seguirá insidiosamente molestando, y yo me preguntaré por qué sigo eligiendo los hombres que elijo, los amigos que elijo, los trabajos que elijo, o sea, por qué sigo tropezándome siempre con el mismo tipo de piedras. O por qué me operé de esto y aparece otra cosa en otro órgano o en el mismo a veces? Por qué tomo el jarabe para la tos, se alivia, pero después me empieza a doler la garganta…?

Puedo pasar por victimizarme y achacarle la culpa a lo malo que son los demás conmigo, al tiempo frío,  a que el médico es malo, a que el terapeuta es malo porque yo no cambié nada desde que voy y ya le pagué una fortuna, a que el medicamento no es eficaz. Primer momento, negar y proyectar lo malo afuera. Esto, si también lo puedo ver como signo, puedo adentrarme un poco más en que es símbolo de otra cosa: de que estoy poniendo algo afuera, estoy responsabilizando a un objeto externo a mí, y sabiendo esto, puedo recuperar esa proyección y verme, desde una zona testigo de mí misma. Como si desde adentro viera a mi “víctima” quejándose y entrara en diálogo con ella y le dijera: “ Te quejás de eso que ponés afuera, enterate que es tuyo y resolvelo para que deje de aparecer en el afuera.”
Una vez recuperado esto, viendo ese signo en su valor metafórico, simbólico, ese otro malo sobre el que depositaba todas las culpas se torna en maestro. Me enseña, me muestra, puestas en otro, las partes mías negadas y proyectadas que tengo que recuperar para poderlas trabajar y entonces, cambiar la piel.


Cambiar la piel es otra metáfora que presupone hacer un cambio subjetivo, abandonar una conducta, una cognición, una creencia; en definitiva,  desapegarme de aquello que me ataba a un sufrimiento que no es gratuito, pero que sí es innecesario una vez resuelto. Cambiar la piel no significa cambiar mi esencia, dejar de ser yo misma. Cambiar la piel es podar las ramas viejas, no arrancar el árbol y plantar uno nuevo. Me desapego y cambio de piel. Quedo expuesta, a mí misma, al otro si me está ayudando, y me permito mostrarme. La piel nueva es todavía vulnerable, no tiene callos, no está probada. “Mejor malo conocido que bueno por conocer”, me dicen mis miedos, me dicen mis viejos hábitos apegados a la seguridad de lo conocido, aunque esto sea el dolor o la insatisfacción. “Que cambie el entorno, cambio el médico, cambio la pastilla, que cambie mi marido, mi jefe, mi hermano. Yo soy así y no voy a cambiar, la culpa la tiene otro”, le responde mi piloto automático que es más vago y miedoso que un chico asustado. Son las ramas viejas que se resisten a que las pode y se aferran a la vida.
 
Cambiar la piel equivale a echar una nueva rama. Soy el árbol, no la rama que estoy podando. Cambio la piel pero el cuerpo que está debajo sigue siendo el mío.  La rama nueva que empieza a crecer por debajo es todavía tierna, vulnerable y hay que cuidarla. Pero es lo que nos permite ir viéndonos desplegar nuevos potenciales que estaban latentes, con energía para aflorar y crecer en la medida en que le diéramos la oportunidad y el espacio. Podar las ramas viejas no implica desarraigarnos, cambiar el árbol por otro. Todo lo contrario. Al podar el árbol le permitimos recibir más sol y fortalecemos más nuestras raíces. 

Ya que las ramas nuevas son esos potenciales que pensábamos que no teníamos y que comprobamos que tenemos y que damos frutos nuevos. Y entonces comprobamos que nos apegamos a lo viejo en vez de fortalecer nuestro propio arraigo en nuestras capacidades latentes.

Y todo lo nuevo genera ansiedad, porque es entrar en lo desconocido.

Hacia adentro? Obviamente, entrar en lo desconocido de nosotros mismos, en la sombra, genera miedo. Si lo desconocido es justamente aquello que negamos de nosotros mismos y que se ve tan clarito en nuestras proyecciones sobre los demás. Este es el primer paso de nuestro semiólogo en su propio trabajo de campo. Desentrañar lo simbólico a través de la autoobservación.

Hacia afuera? Probando conductas nuevas producto de este saber nuevo sobre nosotros mismos que hemos ido develando, y que nos permite encarar nuevas actividades, ya con la seguridad de hacerlo desde una piel nueva que se permite, con cuidados, arriesgarse a salir al mundo para ir formando una dermis más resistente y menos vulnerable. Una ramita que se muestra al sol para crecer con más energía, y se resguarda de las inclemencias con la autoprotección de sabernos los cuidadores de nuestro propio árbol.

Nadie dijo que fuera fácil crecer.


Busqué en sueños
desenterrar la raíz de mi árbol,
para saberme;
             y casi muero.
Con infinito amor
debí cubrirme,
dejar que el rocío me bañara.
Desenredé mis ramas
para recibir más luz.
Y así, entonces,
fortalecí mis raíces,
y logré saberme.
                                                                 Claudia Gentile 28/9/93
Lic. Claudia Gentile
Psicóloga clínica con orientación junguiana- Grafóloga pública – Astróloga

Terapias psicológicas - Cursos de grafología - Talleres de autoconocimiento - Grupos de reflexión - Grafoterapia.

mail: grafosintesis@yahoo.com.ar
tel.: 4672-4423 y cel.: 153-343-3665
Skype: usuario: grafosintesis.

Para ir al comienzo del blog pulse en el siguiente enlace: http://www.grafosintesis.blogspot.com/
mi otro blog:http://www.grafosintesis.fullblog.com.ar/

Lo más leído

Esposa o puta? Una lectura del arquetipo de Eva desde dos de sus aristas

Hace mucho empecé a vislumbrar dos arquetipos femeninos: Eva y Lilith, las dos mujeres primordiales.


Lilith, la primera mujer de Adán, hecha como su par según el Talmud, o sea, creada con el mismo barro, que se mandó a mudar del Paraíso cuando el susodicho quiso someterla sexualmente. Nuestro primer hombre quedó solito. Le pidió Dios que le pusiera nombre a los animales, le hizo enfilar parejas de bestias para que las nominara, y ahí nuestro padre primigenio se avivó de que hasta las cucarachas venían de a dos y él no, entonces le pidió a Dios que le hiciera otra compañera, pero más sumisa a él. Fue entonces cuando Dios le sacó una costillita y le hizo a Eva. Vale decir, esta dama no estaba hecha de su mismo barro,  como par. No. El centro de Eva era Adán, y ella era su satélite, su costillita. El cerebro de Eva estaba en la cabeza de Adán, y ella lo satelitaba. O sea, el deseo y la voluntad quedaron del lado de Adán y a su servicio estaba Eva.
El tema es largo en serio, acá solo pong…

El Ego y sus máscaras

Nacemos indiferenciados. En una especie de maroma simbiótico entre nosotros y el medio. Indiferenciados. Lenta y paulatinamente nuestra madre va poniéndole nombres a las cosas. Incluso a nosotros. Se va armando paulatinamente (el proceso es largo, no me detengo ni en eso ni en tecnicismos), en virtud a esa separatividad necesaria y operativa, la idea de unicidad, o sea el Ego o el Yo, en oposición a eso otro externo que es el Tú y lo otro.
Entramos en la binariedad de la encarnación (lo dual naciendo a partir de esta partición Yo-Tú, bueno, malo, dios-diablo, etc, etc.) . Y empezamos a cargar a nuestro yo  cada vez con más significantes que van lo van definiendo . Soy esto, aquello y lo otro (en oposición a lo que no me define, o sea, a lo que siento que no soy). Y se va fortaleciendo sanamente nuestro Ego. Hasta acá, un proceso sano. Si somos rígidos, sonamos. No podemos llegar a entender que eso que nos define también nos limita a seguir creciendo y conoci…

Angustia Oral- Qué como cuando como?

Oralidad
Necesito comer. Comer. Comer. Y engordo. Mucho más. Y sigo comiendo, y engordo y sigo necesitando comer.
Comer: por hambre? Hambre de qué? Qué necesito destruir? De qué me quiero apropiar? Qué nutrientes me siguen haciendo falta que como y como y no sacio el hambre? Destruir algo para apropiarme de su esencia. Será comida lo que verdaderamente necesita mi  Ser? Qué tipo de nutrientes busca? Qué necesita destruir en el entorno? De qué necesita apropiarse? De qué quiere apoderarse? De una milanesa o de algo en el entorno? Poder apropiarse de algo del entorno que no sabe qué es y come y come hasta alcanzarlo, pero como sigue sin saber qué es, sólo sabe que necesita algo y lo busca siempre en los mismos lugares…. La heladera? Y sigue, y sigue abriendo la heladera que está fría pero es el lugar conocido. Y si abro la puerta? No, da miedo. Vuelvo al televisor y a la heladera. Conocidos. Seguros. Sí, seguro que no me satisfacen.
 Y sigo poniendo la misma mejilla al asunto, no cambio d…

Inmadurez emocional masculina: Los hombres están cada vez más histéricos

 “Los hombres están cada vez más histéricos”
No dejo de escuchar esta frase. Pacientes mujeres, amigas, conocidas, contactos del face… por donde quiera la escucho. Y la digo yo también de cosecha propia, qué negarlo? Dentro y fuera del contexto psicológico. Dicha desde el saber profano. Y qué significará???


Antes cuando éramos chicas, escuchar esta frase era de boca de los hombres y referida a las damitas que provocaban al chico y luego evitaban la intimidad. Se iban al mazo, decían ellos. Y… es un clásico de la adolescencia, o al menos lo era por allá, lejos y hace tiempo; ahora las adolescentes tienen otros modos, pero eso es motivo de otra reflexión, no de ésta.


Y qué definimos las mujeres al decir que los hombres están cada vez más histéricos? Eso mismo. Un masculino “Vengo y me voy”.” Toco y huyo.”  Pero no es que ahora se empeñen los varones en evitar la intimidad sexual como las adolescentes de antaño. Nooo, de esa intimidad no estamos hablando. Creo, analizo, pienso, siento que l…

Grafología: Carta suicida escrita con sangre

Cartas. Cartas y más cartas. Cuántas cartas habré analizado en mi vida? Cartas de amor, cartas de solicitud de empleo, cartas de amigos, cartas de perdón, cartas pidiendo reconciliación.

Y un par de cartas suicidas.
Debo admitir que nunca tuve una directamente en las manos. Me tocó analizarlas, pero en “laboratorio”, mientras estudiaba.
Venían en una bolsita que las preservaba. El cuerpo de la carta preservado en una bolsita. Prolongando ad eternum ese último pedido, desde el dolor, explicando un por qué que volviera más entendible el acto. Ese último acto.
Hoy quiero leer otro tipo de carta suicida.
Y es que hoy alguien se mató arrojándose a las vías de un tren. Alguien más. Uno más entre tantos.
Y el cuerpo que quedó encerrado en una bolsita no era el cuerpo de un escrito. Y la tinta con que fue escrito ese grito de dolor no era azul.
Siempre evaluamos al analizar un escrito, la circunstancia que estaba atravesando su autor, entre otras cosas, y a quién estaba dirigido.
Tomo a la realidad c…

La sagrada familia. Una visión sobre modelos televisivos de familia de la modernidad y de la postmodernidad

Al sujeto, en cada etapa histórica, lo construye su cultura. Cultura en la que, a la vez, el sujeto es actuante y co-creador. En un rulo de recurrencias, el sujeto coparticipa en la creación de la cultura, a la vez que es moldeado por ella.


Muy postmoderno. Muy entendible. También muy atendible que en la época del resurgimiento del sujeto que piensa, actúa, se pregunta y se permite cuestionar los modelos culturales de la modernidad, desde las ortodoxias surjan los conservadores, sujetos hegemónicos del discurso de la modernidad, tratando de preservar los valores que el sujeto de la postmodernidad se empeña en modificar o en arrasar directamente, porque ya ese paradigma no le alcanza: lo sofoca y le impide crecer.
Y si hay un sujeto que no está dispuesto a perder su poder (sujeto a mandatos, obvio), conservador a ultranza, tradicionalista, sujeto hegemónico del discurso del patriarcado judeo-cristiano, ese es el sujeto por antonomasia de la ultra derecha conservadora católica.
Cómo actú…