Prendados de las formas-Una reflexión sobre la importancia de la imagen

Estamos históricamente en un momento de grandes cambios. Uno de ellos podría resumirse en la frase: “Una imagen vale más que mil palabras”. Con lo bueno y lo malo que, como todas las cosas, esto implica.

Es la era de lo visual. La escritura, como medio de captar una idea vehiculizando un sentido que en nuestra imaginación recién cobra forma, quedó atrás, quizá cuando el radioteatro cedió espacio a la telenovela.

La imagen es la protagonista de la escena. La Gestalt de la forma visual impacta en el ojo directamente. La computación abrió un espacio audio-visual enorme y sin precedentes. En los colegios los chicos demandan imágenes para captar el mundo de las formas. Para ellos, luego llega la palabra, y no antes de la imagen. La era de la imagen como gran sintetizadora de la forma.

Imagen-forma que porta el sentido de su contenido. Pero también imagen-forma que revela muchas veces el vacío de contenidos.

En el peor de los casos muchos quedan prendados del brillo de la forma y pierden de vista el fondo o contenido. Y pareciera ser que el cuerpo-forma se torna el espacio de escritura del contenido: tatoos, piercings, cirugías excesivas, reiteradas e incluso superpuestas revelan escrituras de contenidos nuevos; borran las huellas del contenido de la propia historicidad.

Este nuevo cuerpo somatizando al extremo las quejas, los anhelos, las denuncias, los dolores, las gratificaciones, y los vacíos que no se pueden ya poner en palabras. Quizás porque el tiempo demande ir saltando de un objeto externo a otro, sin la pausa para pensarse y entenderse con palabras.



En el mejor de los casos, si logramos ver esos significantes externos y conectarlos simbólicamente con los significados que portan, recobraremos el sentido de nuestra vida. Pero si nos quedamos solo con las formas, con las múltiples y excitantes formas externas, perdemos de vista la riqueza introspectiva del sentido, y caemos presa de un horroroso vacío existencial que nos carcome el alma. Y para eso no hay cirugía ni mago del colágeno  que rellene ese vacío, ni tarjeta de crédito que calme la insatisfacción con cosas, ni estética ni maquillaje que cubra la emergencia de ese vacío que claramente se proyecta y lee en los rostros y cuerpos excesivamente retocados.



Figura-Fondo: La dualidad que plantea la corriente gestáltica. 

Forma-Movimiento: la dupla que se evalúa desde la Grafología. En definitiva, y desde donde lo estoy abordando en este artículo, Imagen externa-Percepción de uno mismo. Afuera y adentro.

Dualidad. Y como toda dualidad, se corre el riesgo de polarizar e irse alternativamente de un extremo al otro. Y como toda dualidad, la puja de fuerzas en sentido contrario deja en parálisis y causa el dolor de una neurosis.

Y como toda dualidad, se resuelve en un tercer punto de síntesis, a mi criterio, logrando un punto testigo de autoconocimiento, dentro de uno mismo, que logre observar lo que reclama nuestro interior, lo que reclama nuestro deseo, las necesidades de nuestro cuerpo; en tanto sea testigo también del medio externo con sus propuestas, modelos y demandas.

Una zona testigo que logre negociar un acuerdo o síntesis para sentirnos en armonía con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Para seguir pensándonos y re-creándonos... no sólo por fuera sino también, por dentro.

Lic. Claudia Gentile
Psicóloga clínica con orientación junguiana- Grafóloga pública – Astróloga

Terapias psicológicas - Cursos de grafología - Talleres de autoconocimiento - Grupos de reflexión - Grafoterapia.

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