El camino de la Individuación- Saber para saberse

El arte es catártico en cualquiera de sus manifestaciones. Tanto sea dejando que la mano se exprese a través de la pluma, del pincel, o que el cuerpo hable danzando... o creando, que es una forma de re-crearse. 

Re-crearse es un acto maravilloso que implica dejar que los contenidos que moran en nuestro interior cobren forma y se expresen. De esa manera, proyectándose nuestro inconsciente sobre el lienzo, sobre el papel, o en un escenario, podemos en un movimiento de retroalimentación, aprehendernos, conocernos, entender el símbolo que mora en la obra creada y entendernos más al acceder a la decodificación de esos símbolos. 

Ya de por sí el sólo hecho de lograr la proyección de los contenidos internos es redentor. Cuánto más si logramos convertirnos en semiólogos para tratar de decodificar el mensaje de esos personajes que moran en nuestro interior y poder entender sus necesidades, aprendiendo a decodificar su lenguaje.

 

Y desde ya, esto no ocurre solamente con las expresiones de arte. Hay otras vías por las cuales también podemos lograr entender nuestras motivaciones y deseos más ocultos. La vía de los sueños, la vía de los ejercicios de imaginación guiada, la vía del focusing, y también prestándole atención a nuestros olvidos, a nuestros lapsus, tanto verbales como escritos.

Y la sorpresa es mayor cuando no sólo brotan contenidos de nuestro inconsciente personal, sino otros que surgen del inconsciente colectivo. De esa memoria humana de la cual arrastramos restos tanto como en nuestra cadena de ADN se filtran restos de todos nuestros antepasados. En esos maravillosos y  trascendentes momentos logramos aprehender el alcance de la psicología transpersonal al darnos cuenta, como si estuviéramos leyendo Cien años de Soledad, de todas las marcas que tanto cultural, como familiarmente arrastramos en nuestro psiquismo.

 

Apropiarnos de ellas nos enriquece al punto de permitirnos comprender con qué huellas quedarnos (mandatos sociales, familiares, culturales) y de cuáles desprendernos por estar caducas o no ser funcionales. Pero para ello el desafío que se impone es aventurarnos a recorrernos casi a tientas, a veces a oscuras y con el miedo de encontrar aquello que nos atemoriza ver, las profundidades de nuestra sombra. Pero no hay nada más aliviador cuando uno entra a un cuarto oscuro, que encender una luz (la luz del autoconocimiento) para disipar las sombras de los fantasmas y descubrir que no lo son; que a la luz de la conciencia se convierten en guía de nuestro propio camino de individuación.

FUERZAS LATENTES

Quise saberme,
y me soñé conducto rojizo y visceral,
que comunicaba el magma incandescente
de la Tierra con mi ser.

Una espiral de púas en sus paredes cavernosas

impedía el ascenso de mis caudales, reteniéndolos,
densificados en terrosas adherencias.

Y me supe desdoblar.

Una criatura que fui se convirtió en guerrero.

Y mutaste en dragón,
para ayudarme a aniquilar mis sólidos temores.

Montó el guerrero el lomo escamoso y alado,
y fusionados, penetramos hacia mis abismos.

La espada azul y las ígneas bocanadas

desoldaron lo que la paciente no-conciencia había plasmado.

Las formas oponían sus grotescas resistencias.

Arrasamos, devastamos -extenuados.
Agonizantes ascendimos -devastados-,
rompiéndonos... gastándonos...
en el intento denodado.

Agotados destruimos,
(apremiados por los vahos que lamían nuestro ascenso).

La Tierra emanaba su energía clara, candente.
Fundía el fango de las ancestrales adherencias.
Pujaba por brotar por el canal que entonces se le abría.

Y el dragón, frente a la agónica proximidad de la muerte,
se contuvo, se retrajo.
Inspiró su más desesperada bocanada,
y exhaló su grito más profundo y primitivo.

Y nos remontamos en abrupto vuelo.
La inercia derribó al guerrero,
que cayó y sucumbió entre las llamas.

Mi boca abierta ofreció al dragón la luz de la salida.

Ya a salvo,
tu metamorfosis redibujó tu forma humana.
Y lloraste al guerrero.

Pero te quedaste expectante,
la mirada todavía perdida en imaginerías abismales.

Y, desgarrando mi canal,
los orígenes disueltos
comenzaron a fluir, furiosos.

Y fui volcán iracundo,
de lava espesa, incandescente.

Y al abrir los ojos te vi.
Tus ojos me devolvieron la mirada.
A través del cristal purificado
de la nueva perspectiva,
redescubrí el mundo de las formas,
y la conciencia de Ser. 

                               Claudia Gentile



No estás solo en este viaje. Lo podemos recorrer juntos. Te puedo ayudar y hacer de guía.

Lic. Claudia Gentile
Psicóloga clínica con orientación junguiana- Grafóloga pública – Astróloga

Terapias psicológicas tendientes a la individuación - Temas de género- Terapia de parejas -  Talleres de autoconocimiento sobre la conformación de la femineidad - Grupos de reflexión - Grafoterapia.

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tel.: 4672-4423 y cel.: 153-343-3665
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