Madres de vientre y madres de corazón: un artículo sobre adopciones



Madre Tierra, madre fértil que nos da vida. Madre naturaleza que nos cobija en su vientre-mundo. Y finalmente madre-mujer que nos nutre en sus entrañas durante nueve meses y nos abre las puertas de sus piernas para salir a la vida, pujando con cada contracción para que podamos ser sin su cálida envoltura. Acto de amor como pocos. La dación más altruista que existe: darnos vida. Maravilloso regalo que nos permite hoy estar vivos, leyendo esto, habitando un cuerpo, entramando una historia colectiva y propia.



Madre cuyo deseo se sostuvo durante nueve meses. Madre que nos dio sus genes, compartió su alimento, sus alegrías y sus temores. Madre que sintetizó toda su historia como hija y la enfrentó durante el embarazo con la valentía que pudo al irse convirtiendo en madre.

Y hoy quiero detenerme en una madre. Quizá una a quien nadie probablemente dedique un poema de agradecimiento cada octubre. Me refiero a esa madre que tuvo el infinito valor de no interrumpir el embarazo con un aborto. La que por alguna de las tantas razones que escapan a una mera especulación y que deberían evaluarse en cada caso, llevó el embarazo a término, pero luego entregó a ese hijo en adopción. 


Esto solo me basta para que la admire y le dirija este reconocimiento. Tuvo el valor de pensar en esa criatura a quien por sus propias y múltiples limitaciones, no pudo retener, pero en un supremo acto de amor, supo que habría otra madre de corazón, que, imposibilitada de gestar, deseara ser madre, deseara amar a ese hijo que ella no podía criar. 

Con el recurso tan a mano de practicarse un aborto y evitarse así el enfrentamiento a los decires de los demás, tuvo el coraje, la valentía y el amor suficientes para pensar en la criatura y no en su conveniencia, y llevó el embarazo a término, y soñó un hogar mejor para su hijo. Otra será su herida que quizás el tiempo no llegue a mitigar, pero seguramente será distinta del dolor que queda como huella en una mujer que se practicó un aborto.


Tantas mujeres conozco que, años más tarde luego de practicarse un aborto, todavía lo evocan con culpa, con arrepentimiento, con infinito dolor, el dolor de una pérdida irreparable, el dolor en algunos casos de un crimen.


Distinto ha de ser el caso de la mamá a la que me refiero. La que sabe que en algún lugar del mundo su hijo ha sido esperado y alojado en el maravilloso y anhelante nido de una madre de corazón que hubo pasado por situaciones difíciles y dolorosas al no poder concebir y espera a ese niño con los brazos de su corazón abiertos de par en par, y lo aloja en su familia. Y seguramente le da a ese niño un entorno más sano del que le habría tocado.


Sabemos lo difícil que es adoptar, cuánto cuesta reunir los requisitos para que se nos otorgue la tenencia en adopción de un niño, cuánto debe esperarse, cuántas angustias conlleva, cuántas asistentes sociales deberán venir a corroborar que ese hogar sea el adecuado, mientras que una madre biológica no está sometida a tantas indagaciones ni supervisiones sobre cómo cuida a sus hijos. Muchas gestan chicos que no saben educar, que no desean, que crían como cargas. 


Y cada vez que veo un chico en situación de calle, pienso qué tanto bien le habrían hecho dándolo en adopción. Seguramente no estaría desprotegido ni abandonado si esa mamá hubiera tenido esos momentos de lucidez y valentía para darlo en adopción. Y por eso mi homenaje en este artículo a las madres que han podido hacerlo y han salvado a un niño quizás del desamor, del abandono, de la carencia, hasta de la enfermedad, la desnutrición o la desidia.


Por eso, si sos adoptado, pensá en todo esto, pensá la suerte que podrías haber corrido, pensá la suerte que tuviste que dos mujeres te amaran así: una pariéndote, dándote el cuerpo y la vida; y la otra, alojándote en su corazón y en su hogar.

 

Para reflexionar…



Lic. Claudia Gentile
Psicóloga clínica con orientación junguiana- Grafóloga pública – Astróloga

Terapias psicológicas - Cursos de grafología - Talleres de autoconocimiento - Grupos de reflexión - Grafoterapia.

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