Naturaleza moribunda



Ratas rapaces roen raíces
arraigadas en la historia,
rota ya por las ráfagas iracundas
de la sierra arrasadora.

Arrancan, rematan la vida silenciosa
del triste y pacífico testigo
del paso del tiempo.                                                

Rama por rama, en lenta agonía
va muriendo de a poco
la vida del árbol
de la puerta de mi casa.


Su culpa? Expandir sus raíces,
aferrarse a la tierra para no caerse.
Buscar a tientas espacios
que le van siendo vedados en su desarrollo
por la cultura del cemento,
que reclama su inalienable derecho a expandirse.

Su culpa fue crecer en un territorio
en donde la naturaleza muere
frente a la egoísta vida humana
que reclama  solo sus derechos.

Vidas vacías que reemplazan con toldos
la sombra de un árbol.
Vidas que ahogan lo que aman
-aman poco-.
Vidas de vecinos que temen
la salvaje animalidad de las mascotas y los árboles,
y sin embargo crían locuras de hijos simbiotizados y enfermos.
Pero matan al árbol  sano.

Un árbol menos para oxigenar mi cuadra,
para descontaminar con trinos los gritos y las asfixias
del hacinamiento humano.

Para contener la furia del inusual huracán,
poniéndole el pecho de su tronco
evitando que las chapas voladoras
se incrustaran contra la ventana de la victimaria.

Un árbol menos para cubrir con velos verdes
el horizonte patético de terrazas con membranas
y camisetas colgando de sogas raídas.

Un árbol menos para alojar los trinos
que opacan los rugidos de los autos.

Un árbol añoso menos.
Y una vecina contenta,
con su locura territorial satisfecha
por haber ganado una batalla.

Su contrincante?
No pudo defenderse.
Sociedad enferma que reafirma su locura
de derechos avasallantes!

Claudia Gentile
24/11/2012.
El día que arrancaron el árbol de la puerta de mi casa

Lic. Claudia Gentile
Psicóloga clínica   

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tel.: 4672-4423 y cel.: 153-343-3665

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